Ese día soñé que todo era perfecto. No había
enfermedad, miedo, muerte o vejez. No había un sólo motivo en el mundo para
estar triste. La sabiduría absoluta, al fin, era una realidad y Dios, lo mismo
que un cuento de hadas. El ser humano había alcanzado todo lo que alguna vez
quiso: no ser humano.
Todo el mundo estaba viviendo en un tiempo
estático sin que sus cuerpos envejecieran. Nadie era capaz de morir, por lo que
no era necesario reproducirse. La genética estaba tan controlada que nadie
podía desarrollar enfermedad en algún momento de su vida, las heridas sanaban
solas y los miembros se regeneraban por sí mismos.
Todo era tan diferente y maravilloso. Los
avances tecnológicos eran tales, que en tiempos pasados parecería que se
trataran de magia, pero no era más que la vida real. El hecho de vivir en las
nubes o más allá de ellas, ¿quién lo diría? El desarrollo de un poder mental
capaz de conocer el pasado, presente y futuro al mismo tiempo.
Gracias a la selección genética, la
apariencia de los humanos era como de ángeles bajados del mismo cielo; todos igual
de hermosos, perfectos e inmortales. La fealdad y deformidad dejaron de existir,
dando paso a una belleza perpetua en cada ser vivo sobre la tierra.
La inmortalidad no sólo había suprimido la
necesidad de reproducción entre la raza humana, sino que también, ambos sexos desaparecieron,
para haber solamente uno que no era ni hombre ni mujer, sino que existía para
vivir sin el miedo de no encontrar a la persona ideal con la cual pasar el
resto de sus días hasta dejar de vivir.
Los nuevos post-humanos habían perdido todo
lo que los había hecho humanos alguna vez. Cambiaron su forma de vivir y pensar,
y atrapados en una interminable felicidad falsa, alteraron el curso de su
evolución para sellar su destino como la raza del egoísmo por excelencia, sin
poder volver a experimentar sentimientos como el amor, enojo, tristeza, alegría
o satisfacción por el resto de la eternidad.
Al final fue todo muy confuso. La naturaleza
siempre toma decisiones que van más allá de lo que tienes planeado. Hay cosas
que han existido antes y existirán después de uno mismo. Cuando tu mundo se
acaba ¿qué más te queda por hacer? Vagar. Flotar en el espacio como un ente sin
propósito que se regenera interminablemente y que existe pero no puede vivir,
solo sufrir. ¿Toda una pesadilla, no? Ojalá pudiera despertar de ella…
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